La historia de mi muerte. Emily Rowson.

Era 12 de agosto y festejaba mi cumpleaños número 18. Había abundantes cosas, comida, bebidas y felicidad.
Todos me miraban, yo estaba impresionantemente preciosa. Tenía un jeans blanco apretado con cintura alta, un top negro con tachas y unas bucaneras hermosas con tacos agujas. Llevaba el pelo recogido y toda maquillada, unas pestañas que todas envidiaban y unos labios color rojo sangre.
Espectadores me sonreían y me miraban de arriba a abajo, mi madre lloraba de felicidad, su niña creció.
Los muchachos querían bailar conmigo, hacían fila y las chicas morían de celos.
Mi novio entró, con una camisa blanca y un chuping negro con el saco que convinaba. Me miraba con unos ojos brillosos que me decían que está muerto de ternura y amor.
Sentía que estaba en mi salsa, era la adolescente-adulta más feliz del mundo. Tengo todo lo que necesito y no quiero más.
Presenté unos shows bailando y mostrando mi talento, todos quedaban maravillados al verme.
Tomabamos media hora de descanso para llenar nuestros estómagos con las deliciosas empanadas que preparaba mi tía Graciela o los bocaditos de mi madre. Tomaba alcohol, ya era hora.
Se pone de pie mi padre y dice unas palabras conmovedoras:
-Hija de mi alma, hijita mía- se le corta la voz. – Quiero desearte un feliz cumpleaños, un día más de vida y te falta muchos más!. Nos alegras a todos con tu dulce caracter. Quiero que me permitas estar a tu lado siempre, en cada paso que des. Ven hija y quiero que vengan toda la familia, tus amigos y Nicolás.
Se ponen de pie mis hermanos, mi madre, mi novio y mis amigas, y caminan hacia mi padre. Oh, falto yo.
Sonrío y me dirijo hacia ellos pero pasa algo. ¿Qué me pasa?. Me tiemblan las piernas, mi cuerpo se mueve y no tengo control sobre mí, me sangra la nariz y me caigo de rodillas al piso.
Los miro y están serios, sus caras… Se nota que están en shock preguntandose que me pasa. Corren hacía mi, y mi madre llora.
Veo la cara de cada uno, los amo. Los amo tanto que no hay manera de explicarlo. En ese momento no los veo más, una oscuridad se apoderó de mís ojos, como si fuera que se haya apagado la luz. Pero no siento a nadie. A lo lejos veo una luz, como si fuera que un tren viene a todo motor y me va a arrollar.
Estoy inmovilizada, por Dios, un escalofrío me recorre el cuerpo. 
La luz blanca viene y cada vez más cerca y me arrolla. Me arrolla la memoria y recuerdo todos mis pasos, cada paso que dí en mi vida. Y los veo, a papá, mis hermanos, mis amigas, mi novio, mamá. ¿Mamá?. Está sentada en la cama de mi habitación.
¡Mamá que haces en mi habitación!. Grito.
Pero nada, no me escucha.
¡Mamá!. Levanta la cabeza y tiene los ojos completamente rojos, parece destrozada.
¿Mamá que ha pasado?.Pregunto confundida.
Pero nada, no me escucha. Me ignora, pareciera que no estoy ahí.
No entiendo nada. Una energia me aleja de mi habitación y la veo a mi madre cada vez más lejos. De repente me encuentro en un lugar obscuro, lloro, no sé que está pasando. Escucho pasos y me asusto, pero no sé donde ir, no veo nada.
Me empujan. ¡Maldición!, me asusto. ¡Quién es!. Siento que unas manos toman de mis gemelos y me arrastran.
Continuará…

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Querida yo

Orgullosa de la energía que poco a poco estás creando en tu interior. Del amor que estás aprendiendo a darte y dar, el valor, la fortaleza, grandeza y pureza que estás formando. Siempre fiel a vos misma, manteniendo firme tus ideas y sueños. No importa lo que digan, no muchos logran amarse sanamente por sí mismo. Por más que muchos no estén de acuerdo, estoy muy feliz del camino al que te estás dirigiendo. No tenés que demostrar nada a nadie y no necesitas la opinión de gente que negativa.

Querida Yo

Me perdono las veces que dejé de ser yo misma por miedo a desilucionar, al rechazo y a las críticas de personas que nunca me quisieron. Nunca más me dejo. Me perdono por no haberme amado lo suficiente y permitir a que me intoxiquen con la idea de ser una persona q no vale ni merece nada. Me llenaban la cabeza y fué por tenerla vacía Perdón por mis críticas tóxicas y por no hacer las pases conmigo misma.

El vicio que me mata

Y me pasa una y otra vez, lo repito todo el tiempo.
Me ausento, cada día. Digo que será la última pero nuevamente vuelve a suceder.
Aquellas cosas me hacen mal, carece mi autoestima, me apaga. Me cierra los ojos y no me deja respirar. Un dolor profundo me recorre el cuerpo que transpasa al alma. Me atormenta la cabeza…
Tengo vicios, Señor. ¿Lo sabía?.
Todos tenemos un vicio…Alguno puede controlar y otros tan frágiles como yo, que sienten, se dejan y se deleitan con ese maravilloso sabor al vicio, al dolor y la muerte.
A veces pienso que me gusta tanto que no lo puedo dejar, ya escuché y sé que no me favorece. Pero me encanta, por un segundo el sabor a muerte.

El otro lado.

Señora, señora Vermelha. La estoy llamando, señora. ¿Me escucha?.
Sé que está atrás de la puerta, la siento… La conozco…
No me dejes por favor, te pido que no lo hagas.
Sé que soy una tonta y me habrás hablado muchas veces para que siga en el camino correcto, para que sea feliz y crezca. Pero mi ansiedad y mi impulso me lleva por mal camino.
Estoy siendo todo lo contrario a lo que quiero ser, me estoy dejando, Vermelha. Por favor escúcheme!. No me deje…
Eres mi otra parte, eres ese lado que no le muestro a nadie, eres esa dulce miel, eres comprensible, eres una rosa hecha de sangre. Una bella Rosa Vermelha.
Estoy desamparada, no sé a dónde ir ni por dónde voy.
Me tratan de ayudar pero no me sirve.
Una obscuridad va creciendo dentro mío.
Vemelha, por favor mi altísima Señora, ayúdame a encontrar otra vez el camino.
Y perdóname por no escucharte, perdóname por las veces q te dí la espalda, por no recordarte. Ahora ya entiendo esa puerta entre nosotras…
Perdóname por mis errores, y sálvame de este infierno espiritual que me atormenta.

Te fuiste y se murió una parte de mí.

Mi subconciente no para de atormentarme.

¿En qué piensas?. Me preguntó.

¿En qué pienso?. Cómo en qué pienso, tú eres parte de mi y lo deberías saber.

No puedo explicarte, hace varios días tengo un dolor en mi pecho que me aprieta tanto que no me deja respirar. ¿Cómo puedo sentirme así?, yo sabía que iba a pasar esto. Me tenía que haberme preparado más… Pero, ¿cómo?. Cómo nos preparamos para saber la peor noticia, esa que a todos nos da miedo. Esa noticia que en cualquier momento lo podemos recibir y sin anestesia?. ¿Cómo me preparo para saber que una partecita de mí se murió?.

No, no estoy completa. Cada parte de mí lo dividí a quienes amo. Y si no están, si esas partes de mí se mueren. Yo muero y mi alma también.

Sentada sobre la arena, que mis pies ni se vean. Mi pelo dominado por las ondas del viento, mis ojos encantados viendo el espectáculo del mar conectándose con la paz del cielo. El sol escondiéndose detrás de las nubes. Mis manos acariciando mis rodillas. Sentirme viva, sentir paz, sentir que nadie puede intoxicar mi alma. Sentir que mi aura crece a cada segundo, y saber que soy yo la única que tiene el control sobre mi espiritu. Poder analizarme y entender que nadie puede apagar la luz que llevo en mí, de mi Ser. Si, la puedo ver, la veo tan real que siento que si la sigo mirando me quedaré ciega. Seguramente muchos no se den cuenta de la luz que tienen adentro. Y seguramente nadie se dé cuenta que podemos iluminar al otro para que pueda encender su propia luz y darse cuenta que amarse y valorarse a uno mismo es lo más importante.